Lali oyó unos rápidos pasos a su espalda. De repente, se vio alzada del suelo por un par de brazos brutales. Gritó e intentó arañarle la cara a su captor.
—Shhh… silencio —le dijo al oído una voz conocida.
Le pasó los brazos alrededor del cuello y con los dedos tocó un mechón de espeso cabello negro. Era Peter. Sin mediar palabra, ella hundió la cara en el hueco entre su cuello y su hombro. Ya no pensaba en escapar de él. Era su única posibilidad de sobrevivir. Peter la llevó hasta la orilla, apartando con el pie la jarra al pasar junto a ella. El hombre moreno del que Lali había huido momentos antes se les unió.
—Peter:Vamos a surcar aguas encrespadas, Maxi.
—Maxi: Como siempre, nos subestima, capitán. —le miró con gravedad—. Le han herido.
—Peter: No es nada. ¿Qué tal Vico y el resto de la tripulación?
—Maxi: Tanto ellos como el Vagabond están ya preparados.
—Peter: Bien. Ninguno de nosotros estará a salvo hasta que nos hayamos alejado de esta isla sanguinaria.
En la cara de Maxi se dibujó algo parecido a una sonrisa.
—Maxi: Creo que mató al Legare equivocado, capitán.
—Peter: Sí —respondió con pesar—. Tengo que llevar una cosa de contrabando a Nueva Orleans. —El viaje duraría, como mínimo, veinticuatro horas—. Larguémonos de aquí.
Metió los pies en el agua y depositó a Lali en la barca, donde media docena de hombres estaban sentados a los remos. Al dejarla le resultó difícil librarse de su abrazo.
—Peter: Suelta —dijo, pero ella se negó a abrir los brazos—. He dicho que me sueltes —repitió con tono más amenazador. Al ver que no le hacía caso comprendió lo asustada que estaba. Suavizó entonces la voz para decir contra su mejilla—: Estás a salvo, ma pauvre petite. Nadie va a hacerte daño. Pero ahora comportate como una buena chica. Haz lo que te digo.
Ella aflojó los brazos y a regañadientes se acurrucó sobre el suelo de madera de la barca.
Peter y Maxi empujaron el bote hacia el mar y saltaron a ambos costados del mismo. A pesar de las protestas de Maxi, Peter cogió un remo y contribuyó al frenético bogar que le alejaba cada vez más de la orilla. La isla acabó desapareciendo de la vista y se aventuraron en un mar tranquilo como una balsa. Se trataba de una ruta de contrabando que usaban con regularidad, y había que ser realmente hábil para navegar por allí sin perderse irremisiblemente. Le dolía el hombro herido, así que dejó de remar y se sentó junto a Lali en la proa. Los remeros adoptaron un ritmo más lento que podrían mantener durante horas. Bogaban en silencio, sin descanso, como si todos formasen parte de una maquinaria.
—Peter: Toma—dejó sobre el regazo de Lali una cantimplora de agua—. Bebe despacio.
Ella observó aquel objeto sin comprender lo que era, hasta que se dio cuenta que era agua y extrajo el tapón con un arranque de energía. Tiró el tapón al suelo y bebió con ansia para aliviar la sequedad de su garganta. Le arrancaron la cantimplora de las manos en el acto. Ella intentó recuperarla, deseosa de beber un poco más de aquel agua preciosa.
Peter mantuvo la cantimplora fuera de su alcance y sentó a Lali sobre su regazo para calmarla.
—Peter: Despacio —dijo, enfadado y sorprendido—. Lentamente. ¿Entendiste?
—Lali: Oh, por favor —suplicó ella con voz ronca—. Tengo tanta sed... Sólo un sorbo más...
—Peter: Espera un momento.
—Lali: Pero necesito...
—Peter: No quieres que te duela la barriga, ¿verdad?
Lali dejó de dar manotazos para recuperar la cantimplora y miró aquel barbudo rostro con suspicacia, dando por supuesto que estaba comportándose de modo cruel. Pero la pequeña cantidad de agua bebida la reanimó lo suficiente.
—Lali: Ca... capitán Peter, ¿por qué hace esto? ¿Por qué me lleva a Nueva Orleans?
—Peter: Tal vez desee congraciarme con tu familia. No es frecuente encontrarse con que Nicolás Vallerand te debe un favor.
Lali clavó la mirada en sus obscuros ojos verdes.
—Lali: Por favor—susurró—. Por favor. Lo... lo he perdido todo. No me queda nada... ni esperanza ni marido ni futuro. Dígame al menos la verdad. ¿Qué valor tengo para ti? ¿Por qué arriesga su vida y la de la tripulación? ¿Por qué está dispuesto a matar... por mí? —Podría haber continuado, pero algo en aquellos intensos ojos verdes le cortaron la respiración. Tuvo que apartar la mirada para poder respirar.
—Peter: Tal vez decidí que merecías la pena —dijo él en voz muy baja para que los demás no le oyesen—. Que estaba bien sacrificar una docena de vidas por vos, o afrontar cualquier riesgo. Hacía años que no tocaba a una mujer como vos... Una mujer con unas suaves manos blancas y ojos de niña. Sí, creo que ésa sería razón suficiente.
De repente ella fue consciente del modo en que se apretaban sus pechos contra él. No llevaba otra cosa que la camisa, y sin duda él estaba notando la forma de su cuerpo, el calor de su piel a través de la delgada tela. Incómoda, intentó moverse, pero él no se lo iba a permitir.
—Lali: Tie... tiene que haber otra razón —tartamudeó ella.
—Peter: Incluso aunque no la hubiese, aun así te he librado de Legare.
«Mon Dieu», pensó. Se le aceleró el pulso al comprender que no iba a liberarla sin exigirle que le pagase con su cuerpo. Empezó a temblar al recordar la insistencia de su boca, la fuerza de su cuerpo apretándose contra el suyo, el firme muslo que le había obligado a separar las piernas. A pesar de que intentase ser amable con ella, podría matarla incluso sin proponérselo.
—Peter: Estas temblando —señaló—. Porque sabes que te deseo. Pero cuando te tuve entre mis brazos, ma petite, respondiste con el mismo deseo.
Ella se tensó. Deseaba escapar de aquel susurro que le erizaba la piel. Quería librarse de sus brazos y alejarse de su hipnótica mirada y del alcance de aquellas manos que podían ser cariñosas y letales a un tiempo. Pero estaba atrapada a su lado en aquella barca. Y sin él, no tenía posibilidad de llegar a Nueva Orleans.
—Lali: Cerdo egoísta —repuso temblorosa—. Poco te importa que acabe de perder a mi marido.
—Peter: En realidad me importa más de lo que supones. Pero dado que está muerto, madame Vallerand, intentar mantener tu virtud matrimonial no tiene sentido. —Le entregó la cantimplora. Ella bebió con avidez, su sed estaba por encima de cualquier reparo. De nuevo, él se la arrebató de las manos tras unos tragos ansiosos—. No tienes ningún cuidado —dijo con una leve sonrisa—. Por ahora, es suficiente.
Estas últimas palabras las pronunció en inglés, y Lali respondió:
—Lali: No creo que sea suficiente todavía. —Tenía los ojos clavados en la cantimplora.
Él no respondió. No tenía intención de permitirle beber más, y ella se sumió en el silencio. Poco a poco, el ritmo de los remeros fue provocándole sueño. En dos ocasiones golpeó con la cabeza el hombro de Peter, levantándola al instante y parpadeando con insistencia. A la tercera apoyó la cabeza, pues estaba exhausta. Peter no se quejó.
—Lali: El otro hombro está herido —musitó ella—, ¿no?
—Peter: No, no está herido.
Con un murmullo incoherente se acomodó al cuerpo del capitán, y el agotamiento le impidió permanecer despierta por más tiempo.
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Hola:) Que directo es Peter! Espero 5 comentarios, si no no subo!
@EscuderiaLalita

AII QUE LINDO PETER, ME ENCANTA
ResponderEliminarQuiero más!! :)
ResponderEliminarQue tiernos Lali y Peter!! Quiero mas!!
ResponderEliminarNecesito otro cap! Son muy tiernos
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