CAPITULO 37 (LEER ABAJO,IMPORTANTE)
Alguien entró en el dormitorio. Peter reconoció el sonido de las pesadas botas de Nicolás. Al menos una vez al día, su padre iba a visitarlo para comprobar sus progresos y traerle noticias de Nueva Orleans y el Golfo. Recientemente, los piratas habían proclamado una tregua en sus actividades, pero no por ello el comandante de la marina estaba menos dispuesto a llevarlos ante la justicia.
—Nico: El teniente Benedict estuvo aquí —le dijo sin preámbulos—. Le he mantenido alejado durante una semana, pero no podré evitar por mucho más tiempo que te vea. Quiere hacerte preguntas sobre la isla de los piratas y sobre tu supuesta huida. Estoy convencido de que intentará hacerte reconocer que no eres Pablo. Le dije que las heridas te han provocado una ligera pérdida de memoria. Supongo que eso te ayudará para desenvolverte ante sus preguntas.
—Peter: ¿Desde cuándo se conocían Benedict y Pablo?
—Nico: Hará cosa de un año. La esposa del teniente, Mary, sufrió un accidente con su carruaje y Pablo le salvó la vida. Benedict dijo que estaría en deuda contigo durante el resto de sus días.
—Peter: Eso está bien —dijo —. Eso hará que se sienta más inclinado a ofrecerme el beneficio de la duda.
—Nico: O más dispuesto a demostrar que no eres Pablo.
Peter hizo una mueca sardónica.
—Peter: Sería más sencillo si Pablo no se hubiese comportado como si fuese un jodido santo.
—Nico: Al menos te pareces a él. —lo observó—. Tendrás que afeitarte y cortarte el pelo.
—Peter: Sí —admitió apesadumbrado—. Julia lleva una semana afilando las tijeras.
Su padre sofocó una carcajada.
—Nico: Pídele a Gimena que te afeite la barba. Se aficionó a ese tipo de actividades cuando me hice daño en el brazo el año pasado.
Peter ladeó la cabeza con curiosidad.
—Peter: ¿Qué te pasó?
—Nico: Estaba trabajando en la plantación. No fue más que un esguince, pero no pude usar el brazo derecho durante diez días. Necesité ayuda con muchas cosas, y en particular con el afeitado. Después de practicar un poco, Gimena se convirtió en una experta, pero los primeros días... Bueno, imagina a una mujer nerviosa con una navaja apoyada en tu garganta.
Peter rió.
—Peter: Eres mucho más valiente que yo, padre.
Hablaron un rato y después Nico se fue.
Peter se acarició la barba pensativo. Le sorprendía haber mantenido con su padre una conversación relajada y amistosa, el tipo de charla que Nico solía tener con Pablo. El tipo de charla de la que él y su padre nunca habían disfrutado hasta entonces. Se preguntó qué lo había hecho posible, y por qué las asperezas de su relación parecían haberse suavizado.
Gimena observó a Lali, ocupada en la cocina con la bandeja de la cena de Peter.
—Gime: Lali, no es necesario que tú misma le prepares las comidas—le dijo, midiendo las palabras—. Julia es absolutamente capaz de hacerlo.
—Lali: No es problema para mí. —Dobló y volvió a doblar una servilleta.
Sabía porqué Gimena le decía eso. La semana pasada, Lali había permitido que Peter le diese órdenes de la mañana a la noche. Cuando quería algo, era a ella a quien llamaba. Su temperamento rara vez se irritaba estando con ella, algo que sí ocurría con las demás, y su mera presencia parecía tranquilizarle. No le gustaba el modo en que las demás le cambiaban los vendajes o le arreglaban las almohadas. El proceso de la comida, en especial, era algo de lo que nadie, aparte de Lali, podía ser testigo. La ceguera le dejaba en una posición de desventaja en muchos sentidos, y estaba enrabietado por su pérdida de independencia. Lali le leía, le aliviaba los dolores de cabeza, le entretenía con historias sobre su niñez en Francia.
Por qué le exigía esas cosas y por qué ella accedía, era algo para lo que ni la propia Lali tenía respuesta. Sólo tenía claro que las pocas veces en que ignoraba sus peticiones y dejaba que otros satisficiesen las necesidades de Peter, sentía un terrible deseó de ir a verle.
—Gime: Lali —dijo, ceñuda—, soy consciente de las exigencias de Peter para contigo. Quiero que tengas claro que no eres responsable de él en ningún sentido. Quizá te recuerda a Pablo y por eso tú...
Lali la interrumpió con una risotada.
—Lali: Bon Dieu, ¡no me recuerda a Pablo en absoluto!
Gimena no sonrió.
—Gime: Estoy intentando entender por qué te sientes obligada a cuidar de él.
—Lali: No hay nada que entender—repuso completamente seria—. No tiene nada que ver con los sentimientos. Simplemente es una cuestión práctica. Tú tienes que cuidar de tu marido, de tus hijos y la plantación. Julia tiene muchas responsabilidades. Yo dispongo de más tiempo que nadie, es así de sencillo.
—Gime: Muy bien. —no la creyó, pero quiso zanjar el asunto.
Lali miró la bandeja, debatiéndose con el impulso de confiarse a ella. Ojalá Gimena fuese unos pocos años mayor. Sólo podría haberse confesado con una mujer más mayor, más maternal. Seguía echando de menos a Pablo, todavía lloraba al pensar en él. Y despreciaba la crueldad de Peter. La muerte de su hermano parecía no haber causado en él impresión alguna. Creía que Peter no se preocupaba por nada más allá de sí mismo y su propio bienestar. No habría sido muy inteligente hacerse ilusiones sobre ese particular.
Pero ¿por qué, entonces, sentía aquel aterrador vínculo con él? ¿Por qué a veces tenía la impresión de saber con total exactitud qué sentía Peter? ¿Acaso porque se habían conocido íntimamente? Lali no lo creía. Quizá se debía a que le había salvado la vida. Quizá por ello sentía aquel impulso irrefrenable de cuidar de él.
—Lali: La comida se enfría —se excusó ante Gimena.
Salió de la cocina y entró en la casa llevando la bandeja escaleras arriba hasta la habitación de Peter.
Él estaba en silencio cuando ella entró. Abstraída en sus propios pensamientos, le dedicó una fugaz mirada: estaba sentado en la cama y llevaba puesta una bata azul. Entonces le pareció que algo había cambiado. Apretó con tanta fuerza los dedos alrededor de la bandeja que sus nudillos palidecieron: había vuelto a quitarse el vendaje de los ojos. Había restos de cataplasma en sus pómulos. Volvió la cara hacia ella, con los verdes abiertos de par en par. Los platos de la bandeja empezaron a tintinear y Lali la dejó en el suelo antes de provocar un estropicio.
—Lali: ¿Peter? —preguntó. Se acercó al borde de la cama y se sentó. Él siguió mirándola sin parpadear. Respiraba con rapidez, intranquilo—. Peter, ¿puedes verme?
Conitnuará...
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:O HOLA! Primero de todo.. perdón! Ah y... FELIZ AÑO NUEVO!
1)He estado fuera de casa muchos días, visitando a mis abuelos por navidad... Un aburrimiento extremo, lo sé, y no tienen internet en su casa así que imaginaros como estaba yo..
2)No he estado muy bien últimamente, no tenía ganas de nada y estaba bajoneada, pero en fin, aquí estoy y os traigo regalitos! (????
3) Espero que comenten mucho este capítulo, el que viene y todos, porque si no si que no voy a subir,ya que cuántos menos comentarios hay menos ganas tengo de subir..
4) HABEIS VISTO A LALI RUBIA?!! Está preciosa! ( esto que tiene que ver)
Vale, no me enrollo más, pero hasta que no haya 15, no subo! Cuando haya 15 comentarios (O MÁS) vuelvo a subir, gracias por el aguante:)
@eugeesmisonrisa





