miércoles, 18 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 3

Encerrada en las entrañas del barco junto al botín rapiñado del Golden Star, Lali fue despertando poco a poco. Tenía los pies y las manos atadas. Con un leve quejido, se sentó y oteó la oscuridad. No podía ver nada. Exploró cautelosamente con el pie y descubrió que se encontraba entre una pila de cajas, cubas y barricas. El balanceo de la goleta pirata evidenciaba que avanzaban a velocidad considerable. El capitán Legare había dicho algo sobre una isla. Se preguntó cuánto tiempo pasaría hasta que echasen el ancla allí adonde se dirigían.

Volvió la cabeza al oír un leve ruido, como si rascasen en la madera. Dejó de respirar. Alzó las rodillas y esperó en tensión, preguntándose si había imaginado aquel ruido. De repente notó un tentativo mordisquito en el dedo del pie. Lanzó un agudo chillido y dio un puntapié a lo que fuese... ¿Un ratón? ¿Una rata? Oh, Dios, ¿cuánto tiempo tendría que pasar encerrada en aquel sitio inmundo? Oyó más ruidos en la oscuridad, pisadas sigilosas en el entarimado, una breve escaramuza, un chillido de roedor.

Lali se echó a llorar al percatarse de que había algún otro animal en la bodega además de los roedores. ¿Debía gritar pidiendo ayuda? Nadie se molestaría en prestarle atención. Sus pensamientos se vieron interrumpidos de golpe por un suave ronroneo a escasa distancia. Se sacudió sorprendida al notar el roce de algo cálido y peludo en el brazo. Un gato. Sus largos bigotes le hicieron cosquillas al frotar la cabeza contra su brazo. Lali se movió con cuidado y con el pie notó el ratón muerto. Con un escalofrío de desagrado lo apartó de una patada.

Pasando una pata tras otra, el gato se encaramó sobre su regazo. Lali no se movió para no alterarlo. Siempre había odiado a los gatos, las creía criaturas taimadas y traicioneras, pero con éste esperaba trabar amistad.

—Lali: Mon ami, me has protegido como nadie en el día de hoy —dijo con voz llorosa y la cabeza inclinada hacia el animal, que jugueteaba enredando las zarpas en su vestido. El gato no tardó en dar un salto para ir a investigar un ruido desconocido, pero al poco regresó a su regazo.

Lali ladeó la cabeza y la apoyó en un barril. No dejó de murmurar plegarias hasta que, exhausta, desistió. Las imágenes flotaban ante sus ojos, recuerdos de su infancia y su familia; aunque la mayoría tenía que ver con Pablo. Recordó la primera vez que se vieron. Su padre, el doctor Robert Verité, lo había invitado a comer.

   —Aquí está Pablo Vallerand —le dijo su padre, dándole la bienvenida a su pequeña pero acogedora casa—. Es uno de mis alumnos de Medicina. Es americano, pero aun así está bien educado.

Habían dispuesto un cubierto para él en la larga mesa. Perplejo y divertido, Pablo observó a los miembros de aquella numerosa familia.

    —Ocho hijos —dijo Verité tras soltar una risita—. Una prole sana y numerosa. No hay hombre que pudiese desear nada mejor. Lali, ven y sientate al lado de nuestro invitado.

Lali tuvo que esforzarse para no escapar del comedor. Vergonzosa y tímida, se sentó en la silla que había quedado vacía al lado de aquel extraño.

La familia empezó a comer con sus habituales modos bulliciosos. Todos los miembros de la familia Verité hacían gala de una personalidad dominante. Por lo tanto, para Lali, la hija mayor, no había resultado difícil mantenerse en un segundo plano y dejar que fuesen los otros los que llamasen la atención. Desde la muerte de su madre, diez años atrás, ella se había ocupado de todos adoptando el papel de ama de casa. 

Lali vio cómo Pablo Vallerand formulaba numerosas preguntas sin sentirse intimidado por el barullo que lo rodeaba. Su sonrisa era agradable y natural; sus rasgos, elegantes y bien delineados; su cabello, tupido y bien cortado, era de un tono castaño tan oscuro que parecía casi negro.

Por fortuna, a Lali no le dirigió la palabra. A ella le aterrorizaba la mera idea de tener que responder incluso a la pregunta más nimia. Pero de vez en cuando le dedicaba miraditas con sus brillantes ojos color verde, y a ella le parecía que podía leerle el pensamiento. Mientras la familia reía con estrépito el divertido relato del padre sobre un paciente maleducado, Lali sintió que algo se deslizaba del bolsillo de su delantal y caía al suelo. Era un pequeño libro que estaba leyendo en sus ratos libres. Al agacharse para recogerlo, estuvo a punto de darse un cabezazo con Pablo.

Cogió el libro y casi se le paró el corazón al notar la mano de Pablo sujetándola suavemente por la muñeca.

   —Pablo: Ya... ya lo tengo —logró mascullar. La charla de la familia prosiguió sin tenerla en cuenta, pero él no le soltó la muñeca mientras con la otra mano se adueñaba del libro.

   —Pablo: Rousseau —leyó en voz baja—. ¿Le gusta la filosofía, mademoiselle?
   —Lali: A... a veces.
  —Pablo: A mí también. ¿Me prestarías el libro? —Aquel ejemplar parecía absurdamente pequeño en su mano.

Pensó en denegar su petición, pues dejarle el libro entrañaría pasar por el engorro de que se lo devolviese. Pero su temor a parecer tosca era mayor que el temor que sentía por aquel apuesto extraño.
—Lali: Por supuesto, monsieur —dijo con timidez.

Aun así, él no le soltó la muñeca.
—Pablo: Llámame Pablo, por favor —la corrigió él con un destello divertido en la mirada.

Ella le miró asombrada. Sin duda él sabía muy bien lo inadecuado que resultaría que ella le llamase por su nombre de pila.

En ese momento resonó la voz de su padre.
—Joven Vallerand, ¿puedo preguntar qué trama bajo la mesa con mi hija?
Sonrojada y desconcertada, Lali tiró de su brazo, pero él no la soltó.
—Lali: De acuerdo, Pablo —dijo en un frenético susurro, y fue recompensada con una picara sonrisa y la muñeca liberada.

Él regresó con el libro a los pocos días, y con la tranquilidad que le caracterizaba pidió que Lali le enseñase el jardín de la casa. Mientras conversaban, ella se percató de que su habitual timidez parecía haberse evaporado. De repente confiaba en él más que en sus propios hermanos y hermanas. No le tenía miedo... al menos no hasta que la llevó contra una pared cubierta de rosales e inclinó la cabeza para besarla.

—Lali: No... —dijo ella, apartando la cara con el corazón desbocado.
—Pablo: Intocable —murmuró él contra su mejilla al tiempo que la estrechaba entre sus brazos—. Eso es lo que todo el mundo piensa de ti, ¿verdad? No necesitas a nadie. No necesitas más que tus libros y tu soledad. —Ella sintió el calor de sus labios quemándole la piel.
—Lali: Sí —se oyó susurrar—. Eso es lo que piensan de mí.
—Pablo: Pero no es verdad. —Tenía la boca junto a la comisura de sus labios—. Te entiendo, Lali. Necesitas ser amada, y vas a ser mía...

Ahora, en la oscura bodega de aquel fétido barco, Lali notó cómo caían las lágrimas sobre su hombro. Le había costado mucho tiempo comprender que el amor que Pablo sentía por ella era auténtico y duradero. Él se había ido a Nueva Orleans para quedarse allí tres años, hasta el final de la guerra entre americanos e ingleses, cuando las aguas internacionales volvieron a ser seguras. Tres años de espera y de cartas, tres años de esperanza, frustración y dudas.

Pero Pablo había vuelto a Francia para hacerla su esposa y llevársela consigo a Nueva Orleans. Finalmente, Lali se permitió pensar que tendrían una vida juntos, pero todo acabó en cuestión de minutos. Ahora Pablo había muerto y ella se avergonzaba de sí misma, porque no sólo la consumía el dolor, también estaba enfadada con él. Era absurdo culparlo —nada de lo ocurrido había sido culpa suya—, pero aun así sentía rabia por el hecho de que no hubiese sabido prever el peligro. Clavó la mirada en la oscuridad mientras el gato se acomodaba en su regazo. Ahora que Pablo ya no estaba, no sentía deseo alguno de seguir viviendo. Lo único que podía esperar era que la muerte le llegase pronto, y que dispusiese del valor suficiente para asumirla con dignidad.

Continuará...
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HOLA! Jaja, 2 comentarios... Bueno, por algo se empieza, no? Aquí el capitulo 3! Os va gustando? Por favor, comentad vuestras opiniones..
@EscuderiaLalita

5 Y MAS NOVELA!

2 comentarios:

  1. Qué mona la historia de como se conocen Lali y Pablo *-*
    Ya podrian meter a Lali en otro lugar, ratas, puag JAJAJA

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  2. Me gustaaaaaaa, quiero más novee :3 segui así <3

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