sábado, 21 de diciembre de 2013

CAPITULO 6

Peter miró a la mujer con renovado interés. Tenía la piel translúcida propia de un niño, unas mejillas suaves y redondeadas y una naricilla corta. Su boca tenía la forma de un capullo de rosa, muy de moda en la época a pesar de lo poco que a Peter le atraía. Unas largas y sedosas pestañas enmarcaban sus luminosos ojos castaños. Lo que llamó su atención, sin embargo, fue algo inusual en su bello rostro: una mezcla de inteligencia y dignidad que le aportaba distinción.
Peter miró a su segundo.
—Peter: ¿Legare ha escogido ya a su hombre, Vico?
Vico oteó el otro extremo del local con su único ojo.
—Vico: Resulta difícil decirlo con el montón de gente que hay ahí, forman todos un círculo... Ah, espera, parece que el elegido es Pounce, ese barbudo—. Peter soltó un gruñido, sacando el cuchillo de la bota. La hoja destelló a la luz. Lanzándolo al aire, lo atrapó con pericia por la empuñadura.
—Peter: Lástima que no haya espacio para luchar con espadas —dijo—. De ese modo sería más rápido.
—Vico: Enseñales lo que es bueno —le dijo nervioso—. Muéstrales a esos idiotas por qué le seguiríamos hasta el mismísimo infierno, capitán.
—Peter: No; lo haré sin alardes.
Peter se dio la vuelta y fue hasta el centro del local, donde la multitud formaba un círculo. Pounce, un tipo alto, corpulento y con una cicatriz en la mejilla, dio un paso al frente.
Estallaron los gritos, las expresiones de ánimo y los silbidos en un barullo frenético. Aterrorizada por el ruido y la tensión que inundaba el local, Lali se puso en pie de un brinco golpeándose contra la mesa. Intentó alejarse de la multitud, pero sintió un tirón en su brazo y sin más cayó sobre el regazo de Vico.
—Vico: Una gatita de armas tomar, ¿eh? —dijo respondiendo a su mirada con una sonrisa burlona—. Siempre pensando en lo mismo.
Ella intentó escapar, pero él la rodeó con un brazo por la cintura. A pesar de que era un hombre delgado, sus extremidades parecían de hierro.
—Vico: Me han ordenado que te retenga aquí—le dijo amablemente—. No temas, no voy a hacerte daño con estas garras escamosas. Eres una dulce tentación, no cabe duda, pero si intentara algo con vos, Peter me desollaría en cuanto acabase con Pounce.
Y, la verdad, la retenía de un modo más impersonal que los otros que la habían tocado. Lali se removió nerviosa.
—Vico: Pobrecita —dijo al apreciar sus agrietados labios—. ¿Cuánto tiempo hace que no bebéis agua?
—Lali: No... no recuerdo —dijo con su dubitativo inglés.
—Vico: Beberás y comerás en cuanto acabe la pelea. El Vagabond dispone de un cocinero de primera, sirve una comida que no perjudica la tripa.
Ella ni siquiera intentó entender qué había dicho.
—Lali: Tu capitán... ¿puede estar derrotado?
—Vico: Oh, no. Peter es peor que el mismo diablo en las peleas cuerpo a cuerpo.
Ella miró a Vico con curiosidad. Parecía una persona casi civilizada en comparación con los demás. Llevaba el pelo muy corto, lo contrario a los rizos exuberantes de Peter. Contrariamente a lo que podría hacer pensar el parche del ojo, sus rasgos distaban de ser desagradables. Era un hombre joven, más o menos de su edad.
—Lali: ¿Por qué hace esto? —preguntó—. ¿Qué quiere de mí?
—Vico: Eso te lo dirá el capitán. Pero sé una cosa: estarás mejor con Peter que con Legare.
Ella lo miró con amargura. Como no encontró las palabras adecuadas en inglés, tuvo que componer una curiosa respuesta:
—Lali: No puedes de eso estar seguro.
—Vico: Lo estoy —dijo y se echó a reír. Se levantó y la puso en pie—. Vamos, princesa, asistamos al espectáculo.
Lali no entendió cómo iban a poder ver algo con el jaleo que había en la taberna. Todos los presentes parecían animales, bramando de mala manera con sus amenazadores puños en alto y el ansia de sangre reflejado en sus rostros. De vez en cuando, se producía un hueco entre la masa de cuerpos y podía entrever el destello de los cuchillos en el centro del círculo. Vico no pudo evitar lanzar también un par de alaridos. Ella tiró de su brazo para apartarse, pero la tenía muy bien agarrada; su guardián no iba a dejarla ir.
Pounce era poco menos que un gigante, con una desgreñada melena castaño oscuro. Peter eludió varias veces las embestidas del cuchillo de Pounce, se agachó y le asestó un puñetazo en el costado. Cuando su adversario cayó al suelo, Peter se abalanzó sobre él. La bota de Pounce lo detuvo impactando contra su pecho, y el capitán dejó escapar el aliento al tiempo que caía hacia atrás. Rodando en cuanto tocó el suelo, Peter se puso en pie de un brinco. Se colocaron cara a cara, respirando con dificultad, con la ropa húmeda de sudor.
El gran capitán Peter —dijo Pounce—. Cuando acabe con vos, no seréis más que una mancha en el suelo.
Peter no se molestó en replicar, sus ojos  miraban con intensidad la cara contrahecha de su oponente.
Pounce lanzó unos cuantos ataques y Peter se echó hacia atrás varias veces para evitar sus acometidas. Cambiando de posición a gran velocidad, los oponentes avanzaban y retrocedían en una lucha que, a todas luces, parecía equilibrada. Peter detuvo un fuerte golpe con el brazo izquierdo, se volvió con un rápido movimiento y clavó su cuchillo con estremecedora precisión en la espalda de Pounce, que murió en el acto, cayendo al suelo cuan largo era.
Un inesperado silencio se adueñó de la taberna durante unos segundos. Al poco, los presentes empezaron a lanzar exclamaciones y chillidos.
Riendo exultante, Vico le dio a Lali un empujón amistoso.
—Vico: Ahora, princesa, podéis estar segura de que no pasaréis la noche con André Legare.
Lali respiró hondo y apartó la vista. Tenía la cara entumecida y pálida. Se abrazó a sí misma. Que Peter hubiese vencido no era motivo de júbilo. No había diferencia entre él y el hombre que había matado a Pablo. Eran asesinos sin escrúpulos que destruían todo lo que se interpusiese en su camino. Quizá sus torturas fuesen más refinadas que las del capitán Legare, pero no por ello era un monstruo de menor calibre.
Al otro lado del local, André Legare fue presa de una rabieta. Tenía la cara enrojecida y se le marcaban las venas en el cuello.
—André: Será mía. Dominic, tiene que ser mía... mía.
Sin alzar la voz, su hermano le respondió:
—Legare: Por supuesto, mon frére. Sabes de sobra que no dejaré que se lleve tu regalo.
André no dijo nada más. Dominic pasó por encima del ensangrentado Pounce y se acercó a Peter, que acababa de extraer su cuchillo del cadáver y estaba limpiándolo.
—Legare: Habéis demostrado tener buena mano con el cuchillo —señaló Dominic casi en un susurro, a pesar de la bulliciosa excitación que reinaba en la taberna.
Peter lo miró con deje sardónico.
—Peter: No tenía ninguna intención de demostrar nada.
—Legare: En cualquier caso, así ha sido. Y tal como convinimos, la mujer será vuestra. Pero mañana por la mañana, esta noche no.
Peter no se inmutó.
—Peter: La mujer es mía ahora —dijo.
—Legare: Por desgracia, André no tendrá consuelo si no pasa una noche con ella.
Peter esbozó una mueca de desagrado.
—Peter: Ella no sobreviviría a una noche con él. Las prácticas de tu hermano con las mujeres no son un secreto, Legare. Y ella está débil.
—Legare: Me ocuparé de que no sea muy rudo con ella.
—Peter: No estás entendiendo —repuso con voz queda—. No estoy dispuesto a negociar.
Vico les interrumpió, arrastrando a Lali del brazo.
—Vico: Aquí la tiene, capitán. ¡Su premio! —Lanzó a la mujer a los brazos de Peter. 
Éste observó a la exhausta dama, su delicada cabellera desparramada sobre los hombros y el pecho del capitán. El trance por el que había tenido que pasar había hecho que su piel hubiese adquirido una pálida tonalidad. Sus ojos castaños parecían ausentes, como si su ser se hubiese retirado a un mundo interior en el que nada podía alcanzarla. Obviamente, la delicada fuerza que él había admirado hacía pocos minutos se había evaporado por completo. Intentó calcular cuánto más podría soportar antes de que la situación acabase con ella.
Dominic Legare le dedicó a Peter una maliciosa sonrisa.
—Legare: Dispondréis de ella al alba, Peter. Pero esta noche estará al servicio de André. Si queréis que empecemos una disputa... adelante.
Peter maldijo entre dientes. Ambas tripulaciones estaban deseosas de cualquier excusa para enzarzarse en una riña; sus mutuas envidias y rivalidades venían de lejos. Una pelea entre los dos capitanes daría inicio a una auténtica guerra.
—Legare: Recuerda que mis hombres superan en número a los tuyos —indicó —. No creo que tenga intención de arriesgar la vida de buena parte de vuestra tripulación únicamente por satisfacer el deseo de yacer con esta mujer, ¿o sí? Vuestros hombres no os lo perdonarían. En pocas palabras, capitán Peter, sabéis tan bien como yo que no podéis permitiros el premio que habéis ganado.
Vico arrugó la frente.
—Vico: ¿Qué demonios significa esto? —preguntó.
—Legare: Y respecto al dinero... —prosiguió.
—Peter: Ni un céntimo hasta que ella esté en mis manos y en perfecto estado —dijo muy despacio.
—Legare: Bien sûr, lo arreglaremos por la mañana.
Vico observaba boquiabierto.
—Vico: ¡Capitán, no podéis permitir que ese gordo borracho pase una noche con ella! Sabéis muy bien lo que le hará...
—Peter: Silencio —ordenó lacónico.
—Vico: Pero... —apreció el mensaje que contenía su mirada y calló.
Peter empujó a Lali hacia Legare con rudeza. Dominic la sujetó por los hombros.
—Peter: Dile a tu hermano que se contenga con ella —advirtió fríamente— o le cortaré la cabeza.
La sonrisa de satisfacción de Dominic se esfumó.
—Legare: Nadie amenaza a André.
La cara barbada se mostró impasible.
—Peter: Le estoy haciendo un favor a André.
Lali miró a Peter con auténtico desprecio. Pero ¿a santo de qué se sentía traicionada por aquel hombre? En ningún momento había creído que fuese a llevarla a Nueva Orleans, pero una parte de sí misma había querido creer que existía una mínima posibilidad. Aquellos ojos verde habían perdido su dura intensidad, parecían vacíos y fríos.
—Peter: Á demain—dijo él con impecable acento francés. Hasta mañana, pero le pareció que ella no lo escuchaba.
«Hasta mañana», pensó ella con amargura, convencida de que para ella no habría un mañana. Peter le sostuvo la mirada durante un sobrecogedor instante, y después miró hacia otra parte; por lo visto, había perdido el interés.
—Peter: Vico—dijo haciéndole un gesto a Vico, y los dos salieron de la taberna.
—Legare: Zorra fastidiosa —le espetó Legare casi en un susurro mientras se dirigían hacia donde se encontraba André—. Espero que mi hermano te dé un buen escarmiento.
Continuará...
__________________________________________
HEY! 3 Y MÁS! CAP DEDICADO A Ana Maria PRIMERA EN FIRMAR! :)
@EscuderiaLalita

4 comentarios:

  1. Ay Peter defendiendola de alguna manera que lindo!!! Espero que no le haga nada el otro xk le mato!!

    Amaia

    ResponderEliminar
  2. El gran capitán Peter jajajaja

    ResponderEliminar
  3. SI EL ANDRÉ ESE TODA A LALI ME MUERO EH!

    ResponderEliminar
  4. Por otra parte espero que a Lali no le pase nada!!:(

    ResponderEliminar