Peter miró a la mujer con renovado interés. Tenía la piel translúcida
propia de un niño, unas mejillas suaves y redondeadas y una naricilla
corta. Su boca tenía la forma
de un capullo de rosa, muy de moda en la época a pesar de lo poco que a
Peter le atraía. Unas largas y sedosas pestañas enmarcaban sus
luminosos ojos castaños. Lo que llamó su atención, sin embargo, fue algo
inusual en su bello rostro: una mezcla de inteligencia y dignidad que
le aportaba distinción.
Peter miró a su segundo.
—Peter: ¿Legare ha escogido ya a su hombre, Vico?
Vico oteó el otro extremo del local con su único ojo.
—Vico: Resulta difícil decirlo con el montón de gente que hay ahí,
forman todos un círculo... Ah, espera, parece que el elegido es Pounce,
ese barbudo—. Peter soltó un gruñido, sacando el cuchillo de la bota. La
hoja destelló a la luz. Lanzándolo al aire, lo atrapó con pericia por
la empuñadura.
—Peter: Lástima que no haya espacio para luchar con espadas —dijo—. De ese modo sería más rápido.
—Vico: Enseñales lo que es bueno —le dijo nervioso—. Muéstrales a esos
idiotas por qué le seguiríamos hasta el mismísimo infierno, capitán.
—Peter: No; lo haré sin alardes.
Peter se dio la vuelta y fue hasta el centro del local, donde la multitud formaba un círculo. Pounce, un tipo
alto, corpulento y con una cicatriz en la mejilla, dio un paso al frente.
Estallaron los gritos, las expresiones de ánimo y los silbidos en un
barullo frenético. Aterrorizada por el ruido y la tensión que inundaba
el local, Lali se puso en pie de un brinco golpeándose contra la mesa.
Intentó alejarse de la multitud, pero sintió un tirón en su brazo y sin
más cayó sobre el regazo de Vico.
—Vico: Una gatita de armas tomar, ¿eh? —dijo respondiendo a su mirada con una sonrisa burlona—. Siempre pensando en lo mismo.
Ella intentó escapar, pero él la rodeó con un brazo por la cintura. A
pesar de que era un hombre delgado, sus extremidades parecían de hierro.
—Vico: Me han ordenado que te retenga aquí—le dijo amablemente—. No
temas, no voy a hacerte daño con estas garras escamosas. Eres una dulce
tentación, no cabe duda, pero si intentara algo con vos, Peter me
desollaría en cuanto acabase con Pounce.
Y, la verdad, la retenía de un modo más impersonal que los otros que la habían tocado. Lali se removió nerviosa.
—Vico: Pobrecita —dijo al apreciar sus agrietados labios—. ¿Cuánto tiempo hace que no bebéis agua?
—Lali: No... no recuerdo —dijo con su dubitativo inglés.
—Vico: Beberás y comerás en cuanto acabe la pelea. El Vagabond dispone
de un cocinero de primera, sirve una comida que no perjudica la tripa.
Ella ni siquiera intentó entender qué había dicho.
—Lali: Tu capitán... ¿puede estar derrotado?
—Vico: Oh, no. Peter es peor que el mismo diablo en las peleas cuerpo a cuerpo.
Ella miró a Vico con curiosidad. Parecía una persona casi civilizada en
comparación con los demás. Llevaba el pelo muy corto, lo contrario a los
rizos exuberantes de Peter. Contrariamente a lo que podría hacer pensar
el parche del ojo, sus rasgos distaban de ser desagradables. Era un
hombre joven, más o menos de su edad.
—Lali: ¿Por qué hace esto? —preguntó—. ¿Qué quiere de mí?
—Vico: Eso te lo dirá el capitán. Pero sé una cosa: estarás mejor con Peter que con Legare.
Ella lo miró con amargura. Como no encontró las palabras adecuadas en inglés, tuvo que componer una curiosa respuesta:
—Lali: No puedes de eso estar seguro.
—Vico: Lo estoy —dijo y se echó a reír. Se levantó y la puso en pie—. Vamos, princesa, asistamos al espectáculo.
Lali no entendió cómo iban a poder ver algo con el jaleo que había en la
taberna. Todos los presentes parecían animales, bramando de mala manera
con sus amenazadores puños en alto y el ansia de sangre reflejado en
sus rostros. De vez en cuando, se producía un hueco entre la masa de
cuerpos y podía entrever el destello de los cuchillos en el centro del
círculo. Vico no pudo evitar lanzar también un par de alaridos. Ella
tiró de su brazo para apartarse, pero la tenía muy bien agarrada; su
guardián no iba a dejarla ir.
Pounce era poco menos que un gigante, con una desgreñada melena castaño
oscuro. Peter eludió varias veces las embestidas del cuchillo de Pounce,
se agachó y le asestó un puñetazo en el costado. Cuando su adversario
cayó al suelo, Peter se abalanzó sobre él. La bota de Pounce lo detuvo
impactando contra su pecho, y el capitán dejó escapar el aliento al
tiempo que caía hacia atrás. Rodando en cuanto tocó el suelo, Peter se
puso en pie de un brinco. Se colocaron cara a cara, respirando con
dificultad, con la ropa húmeda de sudor.
—El gran capitán Peter —dijo Pounce—. Cuando acabe con vos, no seréis más que una mancha en el suelo.
Peter no se molestó en replicar, sus ojos miraban con intensidad la cara contrahecha de su oponente.
Pounce lanzó unos cuantos ataques y Peter se echó hacia atrás varias
veces para evitar sus acometidas. Cambiando de posición a gran
velocidad, los oponentes avanzaban y retrocedían en una lucha que, a
todas luces, parecía equilibrada. Peter detuvo un fuerte golpe con el
brazo izquierdo, se volvió con un rápido movimiento y clavó su cuchillo
con estremecedora precisión en la espalda de Pounce, que murió en el
acto, cayendo al suelo cuan largo era.
Un inesperado silencio se adueñó de la taberna durante unos segundos. Al
poco, los presentes empezaron a lanzar exclamaciones y chillidos.
Riendo exultante, Vico le dio a Lali un empujón amistoso.
—Vico: Ahora, princesa, podéis estar segura de que no pasaréis la noche con André Legare.
Lali respiró hondo y apartó la vista. Tenía la cara entumecida y pálida.
Se abrazó a sí misma. Que Peter hubiese vencido no era motivo de
júbilo. No había diferencia entre él y el hombre que había matado a
Pablo. Eran asesinos sin escrúpulos que destruían todo lo que se
interpusiese en su camino. Quizá sus torturas fuesen más refinadas que
las del capitán Legare, pero no por ello era un monstruo de menor
calibre.
Al otro lado del local, André Legare fue presa de una rabieta. Tenía la cara enrojecida y se le marcaban las venas en el cuello.
—André: Será mía. Dominic, tiene que ser mía... mía.
Sin alzar la voz, su hermano le respondió:
—Legare: Por supuesto, mon frére. Sabes de sobra que no dejaré que se lleve tu regalo.
André no dijo nada más. Dominic pasó por encima del ensangrentado Pounce
y se acercó a Peter, que acababa de extraer su cuchillo del cadáver y
estaba limpiándolo.
—Legare: Habéis demostrado tener buena mano con el cuchillo —señaló
Dominic casi en un susurro, a pesar de la bulliciosa excitación que
reinaba en la taberna.
Peter lo miró con deje sardónico.
—Peter: No tenía ninguna intención de demostrar nada.
—Legare: En cualquier caso, así ha sido. Y tal como convinimos, la mujer será vuestra. Pero mañana por la mañana, esta noche no.
Peter no se inmutó.
—Peter: La mujer es mía ahora —dijo.
—Legare: Por desgracia, André no tendrá consuelo si no pasa una noche con ella.
Peter esbozó una mueca de desagrado.
—Peter: Ella no sobreviviría a una noche con él. Las prácticas de tu
hermano con las mujeres no son un secreto, Legare. Y ella está débil.
—Legare: Me ocuparé de que no sea muy rudo con ella.
—Peter: No estás entendiendo —repuso con voz queda—. No estoy dispuesto a negociar.
Vico les interrumpió, arrastrando a Lali del brazo.
—Vico: Aquí la tiene, capitán. ¡Su premio! —Lanzó a la mujer a los brazos de Peter.
Éste observó a la exhausta dama, su delicada cabellera desparramada
sobre los hombros y el pecho del capitán. El trance por el que había
tenido que pasar había hecho que su piel hubiese adquirido una pálida
tonalidad. Sus ojos castaños parecían ausentes, como si su ser se
hubiese retirado a un mundo interior en el que nada podía alcanzarla.
Obviamente, la delicada fuerza que él había admirado hacía pocos minutos
se había evaporado por completo. Intentó calcular cuánto más podría
soportar antes de que la situación acabase con ella.
Dominic Legare le dedicó a Peter una maliciosa sonrisa.
—Legare: Dispondréis de ella al alba, Peter. Pero esta noche estará al
servicio de André. Si queréis que empecemos una disputa... adelante.
Peter maldijo entre dientes. Ambas tripulaciones estaban deseosas de
cualquier excusa para enzarzarse en una riña; sus mutuas envidias y
rivalidades venían de lejos. Una pelea entre los dos capitanes daría
inicio a una auténtica guerra.
—Legare: Recuerda que mis hombres superan en número a los tuyos —indicó
—. No creo que tenga intención de arriesgar la vida de buena parte de
vuestra tripulación únicamente por satisfacer el deseo de yacer con esta
mujer, ¿o sí? Vuestros hombres no os lo perdonarían. En pocas palabras,
capitán Peter, sabéis tan bien como yo que no podéis permitiros el
premio que habéis ganado.
Vico arrugó la frente.
—Vico: ¿Qué demonios significa esto? —preguntó.
—Legare: Y respecto al dinero... —prosiguió.
—Peter: Ni un céntimo hasta que ella esté en mis manos y en perfecto estado —dijo muy despacio.
—Legare: Bien sûr, lo arreglaremos por la mañana.
Vico observaba boquiabierto.
—Vico: ¡Capitán, no podéis permitir que ese gordo borracho pase una noche con ella! Sabéis muy bien lo que le hará...
—Peter: Silencio —ordenó lacónico.
—Vico: Pero... —apreció el mensaje que contenía su mirada y calló.
Peter empujó a Lali hacia Legare con rudeza. Dominic la sujetó por los hombros.
—Peter: Dile a tu hermano que se contenga con ella —advirtió fríamente— o le cortaré la cabeza.
La sonrisa de satisfacción de Dominic se esfumó.
—Legare: Nadie amenaza a André.
La cara barbada se mostró impasible.
—Peter: Le estoy haciendo un favor a André.
Lali miró a Peter con auténtico desprecio. Pero ¿a santo de qué se
sentía traicionada por aquel hombre? En ningún momento había creído que
fuese a llevarla a Nueva Orleans, pero una parte de sí misma había
querido creer que existía una mínima posibilidad. Aquellos ojos verde
habían perdido su dura intensidad, parecían vacíos y fríos.
—Peter: Á demain—dijo él con impecable acento francés. Hasta mañana, pero le pareció que ella no lo escuchaba.
«Hasta mañana», pensó ella con amargura, convencida de que para ella no
habría un mañana. Peter le sostuvo la mirada durante un sobrecogedor
instante, y después miró hacia otra parte; por lo visto, había perdido
el interés.
—Peter: Vico—dijo haciéndole un gesto a Vico, y los dos salieron de la taberna.
—Legare: Zorra fastidiosa —le espetó Legare casi en un susurro mientras se dirigían hacia
donde se encontraba André—. Espero que mi hermano te dé un buen escarmiento.
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HEY! 3 Y MÁS! CAP DEDICADO A Ana Maria PRIMERA EN FIRMAR! :)
@EscuderiaLalita
Ay Peter defendiendola de alguna manera que lindo!!! Espero que no le haga nada el otro xk le mato!!
ResponderEliminarAmaia
El gran capitán Peter jajajaja
ResponderEliminarSI EL ANDRÉ ESE TODA A LALI ME MUERO EH!
ResponderEliminarPor otra parte espero que a Lali no le pase nada!!:(
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