La luz de la mañana despertó a Lali de un profundo sueño sin imágenes. Un sol vacilante se colaba entre las ramas de los árboles que tenía encima de su cabeza, iluminando un mundo totalmente desconocido para ella. La barca avanzaba por un pantano de un exuberante gris verdoso, flanqueado por largas lianas de musgo.
Sumidos en esa mezcla de árboles y agua, resultaba difícil creer que en algún otro lugar hubiese calles pavimentadas y casas blancas, salones de dibujo con pianos, estanterías llenas de libros y sillones de orejas. La civilización parecía pertenecer a otro mundo.
Al poco reparó en que iba confortablemente encajada entre los muslos de Peter, con una oreja apretada contra su pecho, oyendo los latidos de su corazón. De inmediato intentó apartarse. Le dolían horrores la espalda, el cuello, los hombros y las piernas; de hecho, le dolía todo el cuerpo. No pudo evitar un gemido de angustia. Peter le colocó sus manos en la nuca y masajeó suavemente con sus largos dedos.
—Lali: No —dijo ella medio adormilada, rebelándose ante la perspectiva de ser tratada con semejante familiaridad por parte de un desconocido. Cuatro remeros miraban en dirección opuesta a donde ella se encontraba, pero Maxi y dos hombres más iban sentados en la popa. No se perdían detalle.
Ignorando su protesta, Peter bajó las manos hasta sus hombros y siguió masajeando los tensos músculos. Lali cerró los ojos resignada. No tenía sentido oponerse. Y aquellas manos eran tranquilizadoras, capaces de hacer desaparecer los dolores y dejar los músculos relajados. El pulgar y la punta de los dedos trabajaban en los huecos de su columna vertebral, espalda y cuello, después pasaron a los hombros y los brazos. De forma involuntaria, Lali empujó hacia aquellas manos, que parecían saber a la perfección dónde tocar.
Peter miró al otro extremo de la barca, a un Maxi de rostro impasible.
—Peter: ¿Qué hay del siguiente relevo? —preguntó ablandando los suaves músculos bajo los prominentes omóplatos.
Maxi respondió en un dialecto del cual Lali no entendió nada. Parecía derivado del francés, pero estaba tachonado de palabras arrastradas que no pudo descifrar.
—Peter: Eso está bien —dijo, apartando a Lali de su regazo—. Hoy tenemos que recorrer la máxima distancia posible. Si no, Legare podría atraparnos al caer la noche.
Un tanto decepcionada de que el masaje hubiese acabado, Lali miró al capitán.
—Lali: ¿Cuánto tardaremos en llegar a Nueva Orleans? —preguntó.
—Peter: Espero que estemos allí antes del alba de mañana.
—Lali: ¿Cómo sabes que Legare...? —empezó, pero se detuvo al observar el rostro de Peter por primera vez a la luz del día. Aquellos intensos ojos habían adquirido un tono ambar; y sus pestañas eran negras y muy marcadas. Se vio a sí misma excesivamente pálida.
—Peter: ¿Qué sucede? —preguntó con aspereza.
—Lali: Tus ojos... Son iguales a los de mi esposo y...
La expresión de Peter se hizo amenazadora y ella supo que no le había agradado su comentario.
—Peter: Mucha gente tiene los ojos verdes —replicó.
—Lali: Pero no así...
—Peter: No estoy para chácharas femeninas —le espetó él, desplazándose hasta una de las hileras de remos. Con una mueca de dolor debido a la herida en el hombro, se puso a remar. Los músculos de su pecho y sus brazos se hincharon. Lali no apartó la mirada, preguntándose qué aspecto tendría sin aquella larga y desgreñada melena y aquella poblada barba.
—Lali: Monsieur —dijo al cabo con timidez, e insistió hasta que él la miró—: Monsieur, tengo hambre mucha.
Un deje de diversión brilló en los ojos del capitán al oír su vacilante inglés. Señaló con el mentón hacia una bolsa a escasa distancia de ella.
—Peter: Echa un vistazo ahí dentro.
Lali le echó un vistazo a la cantimplora que había junto a la bolsa y también la agarró. Le lanzó una cautelosa mirada a Peter sin soltar la cantimplora.
—Lali: Y tengo muchísima sed —dijo.
—Peter: Entonces bébela —respondió él.
Rebuscó en el interior de la bolsa con impaciencia y encontró un puñado de galletas y rebanadas de carne seca. El primer bocado de galleta le resultó insípido. Se mojó el gaznate con un trago de agua tibia. Luego cogió un trozo de carne seca, que requirió unos minutos de concentrada masticación.
Una vez el pánico quedó atrás y su estómago estuvo confortablemente lleno, dejó la bolsa y la cantimplora donde las había encontrado. Luego se inclinó para mirarse las doloridas plantas de los pies.
—Peter: Dentro de un rato le echaré un vistazo a eso —dijo con voz cortante—. Mientras tanto, hace todo lo posible por cubrirte.
Lali enrojeció al tiempo que tiraba hacia abajo de los faldones de la camisa negra. Viendo remar a Peter se preguntó quién sería realmente y de dónde habría salido. Tenía el aspecto de un bruto fuera de la ley, pero hablaba francés con un perfecto acento, como si fuese un aristócrata. Tenía el torso musculoso de un lobo de mar, pero sus ojos evidenciaban una aguda inteligencia, y a Lali le daba la impresión de que en su pasado debía de haber conocido mejores circunstancias que las actuales. Era poderoso —una tripulación de piratas no le habría seguido de no ser un hombre temible y digno de respeto—, y sin embargo había arriesgado su vida por una mujer indefensa. ¿Por qué?
Continuará...
_________________________
_________________________
Capitulo:) 4 COMENTARIOS Y SUBO OTRO!
@EscuderiaLalita
Bieen soy la primera en comentar!! Jajajaja sube mas porfaaa:) quiero saber que pasa ahora cuando lleguen a nueva orlean
ResponderEliminarMe encanta Lau! masss!!!
ResponderEliminarMUEROO
ResponderEliminarcomento por segunda vez! NECESITO OTRO CAPITULO
ResponderEliminar