domingo, 22 de diciembre de 2013

CAPITULO 11




El sol llegó a su cénit, y la barca siguió su camino a través de las tranquilas aguas del pantano hasta un punto en que una isla diminuta dividía las aguas en pequeños canales. El tronco de un viejo árbol hacía las veces de puente sobre uno de ellos. Lali observó a los hombres de la barca y apreció algo parecido a la expectación. Permanecieron todos en silencio mientras la barca se desplazaba hacia la orilla de la derecha.

El agudo silbar de un pájaro rompió el silencio. Lali frunció el entrecejo con curiosidad cuando Peter imitó el silbido. Entonces apreció movimiento entre los árboles. Al cabo de unos segundos aparecieron unos rostros morenos entre la vegetación, empuñando mosquetes y hachas. Los hombres de la barca los reconocieron.

—Peter: Nuestra próxima tripulación —le dijo a Lali.
—Lali: ¿Son amigos nuestros? —preguntó dubitativa sin apartar los ojos de aquella variopinta pandilla.
—Peter: No exactamente—respondió él con sequedad—. Los ribereños no son leales a nadie. Pero les he pagado para que lleven objetos lujosos de contrabando desde los lagos al río.
—Lali: ¿Por qué no nos lleva esta tripulación?
—Peter: Es posible que estén cansados, enfant.
Uno de los remeros la miró y sonrió.
Cansados, vaya que sí, ¡pero bogaría yo por él hasta China si me lo pidiese, señora!
Ella no le entendió demasiado, pero supuso que se trataba de un comentario amistoso, así que sonrió a modo de respuesta.

Maxi saltó de la barca y ató la soga a un tronco medio enterrado en la orilla. Rezongando aliviados, los hombres dejaron los remos y bajaron también. Lali se quedó sentada, observando nerviosa a Peter. Éste ató una pequeña bolsa de cuero a un lado de su cintura y un machete al otro.
—Peter: Toma esta jarra de whisky —dijo.

Ella lo hizo. Él le pasó los brazos por las corvas y la espalda y la levantó con facilidad.

En cuanto se fijaron en su castaña cabellera, los ribereños lanzaron aullidos lobunos y gritos lascivos. Lali se abrazó con fuerza al cuello de Peter, asustada mientras él la bajaba de la barca y caminaba hacia el tronco que servía de vallerand. Los hombres la rodearon. Se estremeció al notar que sus rudas manos le rozaban las pantorrillas desnudas.

¿Ésta es toda la mercancía que trae, capitán? —le preguntó uno de los ribereños.
¡Es la mercancía más delicada que he visto nunca! —exclamó otro con delectación.
Alguien le tiró del pelo y ella lanzó un chillido. Peter se detuvo de repente y miró de forma admonitoria a aquellos hombres con sus fríos ojos. Un esbozo de sonrisa se dibujó apenas oculto tras su barba.
—Peter: Esta mujer me pertenece. Si algún hombre vuelve a tocarla, le rebanaré sus partes.
Todos rieron y ninguno pareció sentirse ofendido. Las lascivas manos se retiraron. Lali escondió el rostro contra el pecho de Peter.
—Lali: Creo que si no estuvieses aquí —dijo con un hilo de voz—, estos hombres me...
—Peter: Exacto —dijo con un deje sarcástico. Colocó un pie en el crujiente puente—. Y ahora, mi pequeño cebo para caimanes, no bajes la vista. Y por el amor de Dios, no me hagas perder el equilibrio o ambos nos partiremos el cuello contra el lodo.

¿Caimanes? Pablo la había entretenido explicándole aterradoras historias sobre esas criaturas, le había contado que eran parte dragones y parte lagartos. Tenían largas colas, grandes mandíbulas y dientes afilados. Cerró los ojos Con fuerza.
—Lali: No me dejéis caer —susurró.
—Peter: ¿Después de los problemas en los que me he metido por vos? —repuso él con una sonrisa maliciosa—. Y no dejes caer el whisky.
Lali no se atrevía a respirar mientras avanzaban por el tronco.
Los ribereños los siguieron con habilidad, lanzando alguna que otra exclamación ante la visión de sus pálidas piernas silueteadas contra el agua verdosa del pantano.

Peter saltó a tierra firme y se encaminó hacia unas destartaladas cabañas situadas en un claro.
—Peter: Un viejo campamento indio —dijo cuando Lali alzó la cabeza y miró alrededor.
—Lali: ¿Qué les pasó? —preguntó.
—Peter: Se marcharon hace mucho tiempo. Había demasiados comerciantes y contrabandistas en el río. —La dejó en el suelo junto a la entrada de una cabaña—. ¡Maxi! —gritó—. Démonos prisa. Disponemos sólo de unos minutos.
—Lali: ¿Unos minutos? —repitió—. ¿Qué van a hacer?
—Peter: Entra.—Señaló la puerta—. Y bebe algo de whisky.

El corazón de Lali se disparó.
—Lali: ¿Por qué? ¿Por qué has llamado a Maxi? ¿Por qué...?
—Peter: ¿Tengo que volver a repetirlo? —replicó él con un tono ligeramente amenazador.
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HOLA!! Capitulo 11:) Espero que os guste! Cap dedicado a Xio, primera y última en firmar! Gracias por los 2 comentarios, me vuelves loca en watssap, que lo sepas xD
5 COMENTARIOS Y SUBO MÁS, MIENTRAS NO.

@EscuderiaLalita

5 comentarios:

  1. POBRE LALII, TENDRÁ MAL LOS PIES O ALGO, ESPERO QUE NO LE VAYA DOLER LO QUE LE VAN A HACER..

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  2. Che! Todos quieren aprovecharse de Lali por suerte esta Peter con ella :)

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  3. Te mereces todos los comentarios LAU! :) Me encanta la novela! Sube MASSS!!!

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