Ella temblaba violentamente y las palabras de Vico no penetraban el muro de terror que la obnubilaba.
Vico prosiguió con voz suave:
—Vico: Tienes que ayudarme. Por eso te he estado esperando. Deja de temblar, vamos. Necesito que hagas algo por mí...
Vico se quedó helado al oír amartillarse un revólver y notar la presión del frío metal contra su sien. Una voz glacial rompió el silencio:
—Suéltala, bastardo. Ahora.
—Vico: Maldita sea... —masculló, y apañó las manos de Lali. Bajó los brazos.
Lali retrocedió sollozando con angustia y alivio. Nicolás estaba apuntando un arma a la cabeza de Vico.
El joven pirata tenía el mismo aspecto que cuatro meses atrás, una cicatriz le cruzaba la cara y un parche negro le cubría el ojo herido. Vestía pantalones, botas y una sucia camisa. Lali abrió mucho los ojos al ver que tenía un costado ensangrentado. Bon Dieu, ¿le habían herido?
—Vico: ¿Es el señor Vallerand? —preguntó, el dolor en la voz.
Nico ignoró su pregunta y miró a Lali.
—Nico: ¿Te ha hecho daño, petite bru?
Ella negó con la cabeza, incapaz de hablar. Se le había cerrado la garganta para siempre.
—Nico: De acuerdo —dijo con calma—. Vamos a la casa principal. —Al ver que Lali dudaba, habló con más firmeza—. Vamos.
Paso a paso, se encaminaron a la casa.
—Vico: Antes de que hagas nada —le dijo—, creo que quieres oír lo que tengo que decirle.
—Nico: Si no te he matado por entrar en mis tierras, es muy probable que lo haga por haber atacado a mi nuera.
—Vico: No la he atacado, yo...
—Nico: ¿Quién demonios eres?
—Vico: Un idiota, eso es lo que soy —masculló e hizo una mueca de dolor cuando el revólver se apretó con más fuerza contra su sien—. Mi nombre es Vico.
—Nico: ¿Por qué estás aquí?
—Vico: He venido por el capitán Peter —respondió hoscamente.
Lali se apoyó contra el muro exterior de la casa. El miedo disminuyó en su garganta. Ya respiraba con más facilidad. En ese momento Nicolás dejó que Vico se volviese hacia él.
—Vico: Ojalá lo hubiese dejado tirado en el apestoso pantano y me hubiese largado —dijo con aire taciturno, relajando la postura hasta encorvarse—. Le han disparado, parece un colador. No quería seguir adelante, pero yo pensé que...
—Nico: ¿Dónde está? —preguntó con rudeza.
Vico hizo un gesto hacia el agua.
—Vico: Allí abajo, en el bote.
—Nico: ¿Hay alguien más?
—Vico: No, nadie. Lo juro por la tumba de mi madre.
Los dos hombres miraron hacia la pendiente donde estaba el bote, y Lali les miró a ellos con los ojos muy abiertos. Peter estaba herido, tal vez incluso moribundo. ¿Había peleado con Legare? Restregó las sudorosas palmas contra el vestido y siguió a Nico y Vico, empujada por la curiosidad y por alguna clase de emoción a la que no se atrevió a poner nombre. Una ramita se quebró bajo su zapato y Nico echó un vistazo por encima del hombro. Sus miradas se encontraron y ella se detuvo dubitativa. Para su alivio, no le dijo que regresase a la casa, sino que se volvió y siguió caminando hacia la orilla. Los hombres alcanzaron el bote y miraron en su interior. Nico tensó los hombros visiblemente.
Lali se acercó a su suegro y contuvo la respiración. Allí estaba Peter, cubierto con ropa sanguinolenta y vendas. Estaba inconsciente, aovillado en medio de la pequeña barca. Tenía la cara ladeada, pero Lali pudo ver su espesa barba. Una de sus manos, con la palma hacia arriba, estaba sobre las húmedas tablas, con los dedos ligeramente flexionados. Resultaba extraño verlo así, un hombre de semejante vitalidad y poder, reducido a una total indefensión. Lali miró a Nico, que aún no había dicho una palabra. Su faz parecía tallada en mármol.
—Vico: No podía arrastrarlo —comentó—. Fue un infierno cargarlo en el bote.
Nico le entregó el arma a Lali, cerrándole los dedos alrededor de la empuñadura con cuidado.
—Nico: El gatillo es delicado —dijo con brusquedad.
Ella asintió, palideciendo al recordar la última vez que había sostenido una pistola.
Nico miró a Vico de soslayo.
—Nico: Tú vendrás a la casa con nosotros. Quiero hablar con vos en privado.
Vico protestó.
—Vico: Ni hablar, ya he hecho lo que tenia que hacer. El barco y la tripulación esperan mi regreso. Llevese a su hijo y haga lo que pueda por él. Yo ya no puedo cuidarlo, ¡ni siquiera sé si podría mantener mi cabeza fuera del agua! Aquí estoy en peligro, y en cualquier momento...
—Nico: No tienes alternativa.
Vico miró el revólver, preocupado por el modo tembloroso en que Lali lo sostenía.
—Vico: Querida, no hay necesidad de que me apuntes con eso...
—Nico: Taisez-vous —dijo Nico secamente, haciéndolo callar.
Lali se preguntó si Peter seguiría vivo. Estaba inmóvil. Nico se adentró en el agua hasta que le cubrió los tobillos. Se inclinó sobre el bote y alzó el cuerpo inerte para cargárselo al hombro, resoplando por el esfuerzo. Se encaminó con dificultad hacia la casa, con Lali y Vico tras él.
CAPITULO 26
Lali seguía apuntando a Vico mientras caminaban. Ver a Vico, por no hablar de Peter, le había traído de vuelta todos los oscuros recuerdos de la isla de los Cuervos. No había razón alguna para confiar en Vico más que antes. Su mente era un hervidero de preguntas.
—Lali: ¿Ha sido Legare? —preguntó en voz baja.
—Vico: Sí, Legare nos ha seguido los pasos sin descanso. Tiene hombres en todas partes. No hay lugar donde podamos descansar. Legare atacó el Vagabond en el Golfo, hará cosa de dos semanas. A Peter le pilló la explosión de un cañón, y ahora... está muy mal. Maxi, yo y un par de tipos más lo escondimos en un lugar para descansar y reponerse, un terreno cerca del pantano donde... —Se aclaró la garganta—. Pues bien, el maldito Legare casi acaba con nosotros. Llegó por tierra y lanzó un ataque sorpresa. —Sacudió la cabeza, y añadió con orgullo—: Nuestros hombres lucharon como chacales y Legare tuvo que retirarse. —Su infantil entusiasmo se esfumó al proseguir—. Por supuesto, cuando pudimos sacar a Peter de allí, no quedaba mucho de él.
—Lali: Se han puesto en peligro trayéndolo aquí —dijo con voz queda—. ¿Por qué no le abandonaron y procuraron ponerse a salvo?
—Vico: ¿Abandonarlo? —replicó, sintiéndose insultado—. ¡Y lo decís después de lo que hizo por vos! Yo iría al infierno por Peter... Perdí un ojo por él, sí, y él haría lo mismo por mí o por cualquiera de los miembros de su tripulación.
—Lali: Lo que él hizo por mí —repitió con amargura. Peter Vallerand... Capitán Peter... Fuera quien fuese, era un hombre cruel y vil. De no haber estado tan malherido, ¡se habría sentido tentada de hacerle más daño aún!
Entraron en la casa por las puertas francesas de una de las habitaciones traseras y Gimena salió a su encuentro. Julia le pisaba los talones. Sin comprender lo que sucedía, Gimena observó aquel extraño desfile, con los ojos clavados en la carga que su marido llevaba a cuestas.
—Gime: Nico...
—Nico: Vamos arriba —dijo su marido casi sin aliento.
Llevó a su hijo hasta el dormitorio que Peter había ocupado siendo niño, deteniéndose mientras Gimena corría a encender las lámparas. La habitación estaba decorada de forma espartana, con sencillos muebles de caoba, incluida una cama con altos postes cubierta con damasco escarlata. A toda prisa, Gimena retiró el cobertor y Nico dejó a su hijo malherido sobre las blancas sábanas de lino.
Durante un momento nadie dijo nada, mientras Gimena y Julia corrían de un lado para otro de la habitación. El ama de llaves trajo toallas y material de primeros auxilios. Gimena cogió unas tijeras y empezó a cortar las maltrechas ropas y los mugrientos vendajes. Lali le entregó el revólver a Nico sin mediar palabra. Se colocó en un lado de la habitación con las manos entrelazadas, observando la naturaleza de las heridas de Peter.
Una bala le había perforado el hombro derecho, y otra el muslo. Tenía heridas de espada en el torso, en tanto que moretones púrpuras señalaban los puntos en que se le habían roto las costillas. Rastros de sangre reseca salían de sus fosas nasales y del oído. La piel mostraba múltiples quemaduras de pólvora y laceraciones. Había una peculiar herida dentada en el costado derecho que parecía causada por un cuchillo. Había sido cosida con poca traza y no parecía muy limpia.
—Vico: Maxi y yo le extrajimos las balas —murmuró—. No crean que hay demasiadas posibilidades de salvarlo a estas alturas.
Lali no abrió la boca, pero estaba de acuerdo con Vico.
Gimena lanzó una exclamación al sacarle el vendaje que le cubría los ojos.
—Vico: Cegado por la explosión.
Instintivamente, Lali dio un paso adelante. Gimena la detuvo con un firme gesto.
—Gime: Julia y yo cuidaremos de él. Tal vez los demás deberíais salir.
—Lali: ¿No tendríamos que llamar a un médico? —preguntó, sorprendida por la tranquilidad que transmitía su voz.
Nico sacudió la cabeza apañando la mirada de su hijo.
—Nico: Si se supiese que mi hijo está aquí, las autoridades federales se nos echarían encima, por no hablar de los cazarrecompensas. Tengo que mantenerle a salvo de todos ellos sin importar las condiciones en que se encuentre.
—Vico: Así es —convino—. Para hombres como Peter o yo no hay puerto seguro.
Nico volvió a mirar a Peter.
—Nico: Tenemos que hacer todo lo posible por él y esperar que... —Flaqueó y aflojó la mandíbula. Cuando volvió a controlar sus emociones, caminó hacia Vico y le indicó la puerta de la habitación—. Tengo algunas preguntas que hacerte.
Continuará...
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Hola chicas! Tengo una propuesta! :) He pensado en hacer una mini maratón!!! Que os parece? Dejadme vuestra opinión abajo. Si no quereis está bien, si os parece bien, subo a media noche, SI HAY 10 comentarios. Si no, se cancela! @MaluftLali
OBVIO QIE QUIERO, ES LO UNICO QUE ME DESPEJA LA MENTE! :-)
ResponderEliminarSi peter queda ciego me da algo te juro!
ResponderEliminarMAS MAS!!
ResponderEliminarY menos mal que el padre los ha dejado entrar!!
ResponderEliminarOjala subas *-*
ResponderEliminarPD: QUE PETER NO QUEDE CIEGO
ResponderEliminarSi quiero maraton!!
ResponderEliminarEspero que no le pase nada a Peter!!
ResponderEliminarMARATON MARATON MARATON
ResponderEliminarDaaaleee lau pelusilla sube mas
ResponderEliminarQuiero mas nove
ResponderEliminarQuiero mas Laliter
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