Legare, sorprendido, guardó silencio unos segundos. Arrugó la frente.
—Legare: ¿Qué tiene la chica que tanto le interesa? —preguntó receloso.
—Peter: Ciento cincuenta mil.
Legare respiró hondo y exhaló muy despacio. Sus ojos centellaron ante la perspectiva de negarle a Peter algo que deseaba con tanto ahínco. Le dedicó una sonrisa burlona.
—Legare: El dinero no me interesa.
André se abrió paso entre la multitud, con el vientre brincándole. Tenía la cara enrojecida de emoción.
—André: ¡Bien dicho! —exclamó muy orondo—. ¡Que luche por ella, Dominic! He estado oyendo durante años las fanfarronerías de sus hombres sobre su invencible capitán... Pues bien, ¡veámosle luchar ahora! Que se enfrente a nuestro mejor hombre.
Vico alargó el brazo para hacerse con la botella de ron y bebió un buen trago.
—Vico: Maldita sea —masculló.
Dominic miró a Peter, barajando la posibilidad. Se dirigió a André sin apartar la vista del impertérrito Peter.
—Legare: ¿Eso te complacería, mon frére? ¿Lo bastante para arriesgarte a perder esta mujer?
—André: Claro que sí—respondió el otro sin vacilar—. ¡Dejemos que nos muestre de qué madera está hecho, Dom!
—Legare: Muy bien. Ésta es mi propuesta, Peter: lucharás contra el hombre que yo elija. A muerte, naturellement. Si ganas, te quedas la chica por ciento cincuenta mil, en dinero constante y sonante. Si pierdes, tu barco y todo el botín que tienes almacenado en tierra pasarán a mis manos.
Vico lanzó un grito:
—Vico: ¡Qué demonios...!
—Peter: De acuerdo —respondió con maneras de comerciante.
La taberna al completo soltó una exclamación de asombro. El dinero empezó a pasar de unas manos a otras a medida que se establecían las apuestas. Cuando la noticia corrió, más y más hombres entraron en la taberna a toda prisa. Peter arrugó el entrecejo al ver que algunos de sus hombres discutían con los miembros de la tripulación de Legare.
—Peter: Vico —le dijo a Vico—, diles a los nuestros que mantengan la calma. Lo último que necesitamos...
—Vico: Por los fuegos del infierno, ¿crees que van a hacerme caso? —repuso con incredulidad—. Capitán, ¿tienes idea de en qué os habéis metido? Las cosas nunca volverán a ser igual en la isla. Siempre has dicho que evitásemos cualquier disputa con los hombres de Legare...
—Peter: Sí, lo sé —lo interrumpió con expresión adusta.
—Vico: ¡No es más que una mujer! Además, el botín que tenemos almacenado... ¡Parte de todo eso es mío!
—Peter: Por desgracia —dijo—, no tengo más remedio que hacerlo.
—Vico: Entonces será mejor que ganes —masculló .
Lali mantenía la cabeza inclinada, aturdida e indefensa. Una parte de su cerebro entendía lo que estaba ocurriendo, pero sus pensamientos eran caóticos.
De repente, André Legare se le acercó y enredó los dedos en su cabello. Ella observó sus oscuros ojos, casi dos líneas debido a sus pesados párpados y sus hinchadas mejillas. Tenía manchada la comisura de los labios.
—André: Me la quedaré hasta que acabe la lucha —le dijo a Peter tirando con impaciencia de los mechones de cabello.
Lali retrocedió instintivamente y se encontró apretada contra el firme pecho de Peter. Notó una sensación familiar en el modo en que sus brazos la rodearon, en el calor de su piel.
—Peter: Nada de eso —oyó decir por encima de su cabeza—. No quiero que me entreguen material en mal estado después de tener que luchar por ella.
André miró a su hermano mayor con un deje de petulancia, pero Dominic estaba ocupado escogiendo al hombre que tendría que enfrentarse a Peter.
—André: No voy a hacerle daño —refunfuñó soltando la cabellera de Lali—. ¿Cómo sé que vos tampoco se lo harás?
John Vico dio un paso al frente.
—Vico: Supongo que las ideas del capitán Peter respecto a cómo entretener a una mujer son ligeramente diferentes de las vuestras, Legare. Pero si eso os satisface, yo cuidaré de esta princesa. Bien sabe Dios que no soy lo bastante tonto para intentar propasarme.
André se alejó despotricando.
Peter apoyó el pie en una silla y sacó un cuchillo de la bota para cortar la cuerda que maniataba a Lali. Entonces ella pudo verle por fin el rostro, y un súbito escalofrío la recorrió.
Para una mujer, el rostro de Peter resultaba apuesto y amenazador en todos los sentidos. Era como una bestia feroz. Tenía el mentón cubierto por una espesa barba. La abertura de la camisa negra mostraba una piel bronceada y unos musculosos bien formados. Su nariz era pequeña y respingada, sus mejillas salientes, y poseía una mirada audaz e incisiva. Sus ojos tenían un toque fiero, de un punzante color verde que a Lali la hizo estremecer. Nunca había conocido a nadie con aquel color de ojos.
Peter cortó la cuerda y todos sus pensamientos quedaron soterrados bajo el agudo dolor que conllevó que la sangre volviese a correr por sus brazos. Los constreñidos músculos de sus hombros aumentaron su sufrimiento. A Lali le costó mantener el equilibrio y le zumbaban los oídos.
Lanzando un improperio, Peter le rodeó la cintura con un brazo.
—Peter: Maldita mujer —masculló volviendo a enfundar el cuchillo en la bota—. ¿Te importaría desmayarte en una ocasión más apropiada?
—Lali: Yo in... intentaré dominarme, capitán —balbuceó con voz débil pero con un deje de sarcasmo.
Peter arrugó la frente y la dejó al cuidado de Vico.
—Peter: Hazte cargo de ella, Vico. No le quites el ojo o te arrancaré la piel a tiras.
—Vico: Sí, señor—respondió, sentando a Lali en la silla de al lado. Cruzó los brazos sobre la mesa y le dedicó una sonrisa angelical.
Peter se quitó el chaleco negro y lo dejó sobre la mesa. Extrajo de su bolsillo una cinta de cuero para recogerse el pelo. Lali le observó con los ojos como platos. Jamás había visto a alguien como él. Su cuerpo parecía diseñado para la batalla, alto y ancho, fuerte y musculoso. Sus manos eran enormes y curtidas. Su padre habría dicho que era «pura energía». Sus llamativos ojos evidenciaban un estado de alerta permanente.
—Lali: ¿Qué... qué quieres de mí? —susurró temblando de miedo en su vacilante inglés.
—Peter: Nada… solo digamos que se trata de pagar una deuda de honor —respondió—. Siempre me ocupo de todas mis deudas —murmuró mirándola a los ojos. Ella se echó atrás, sintiendo que podría romperse en pedazos si él se acercaba un poco más.
—Lali: Si... si llevas a mí a Nueva Orleans sana y salva—dijo temblando—, Vallerand le recompensarán...
Los ojos de Peter destellaron de regocijo.
—Peter: Si te llevo allí, me recibirán del mismo modo tanto si llegas sana y salva como si no.
—Lali: Pero los Vallerand no querrían...
—Peter: ¿Acaso crees que me importa lo que quieran los Vallerand? —la interrumpió, dándole un buen repaso con la mirada. Ella se estremeció al notar la punta de su dedo en la oreja, resiguiendo la delicada curva. Le pellizcó suavemente el lóbulo, como si acariciara a un gato travieso—. En cualquier caso, no tienes que temer nada de mí, pequeño saco de huesos. Cuando me acuesto con una mujer, me gusta que tenga algo de carne donde sujetarme.
Vico rió entre dientes cuando Lali apartó la cabeza para librarse de los dedos de Peter. A pesar de que ella temía a Peter tanto como a los demás, algo en él le provocaba un temor más profundo. Ni siquiera Dominic Legare parecía tan capaz de ser cruel como él.
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Hola! Me jode bastante que solo haya una firma (GRACIAS ANA MARI), porque yo me mato escribiendo y ustedes, que leen esto, no son capaces de poner un miserable comentario. Porque soy buena onda subo, y también porque Ana Mari y otras amigas me lo pidieron.
HASTA LAS 4 FIRMAS, MIENTRAS NO SUBO.
@EscuderiaLalita
Gracias por la mención amiga, esto se pone interesante, tal y como describes al capitán Peter me estoy enamorando, es tan ARRG! JAJAJA espero más :)
ResponderEliminarQuuieero saber que va a pasar, me pongo adicta con las noveeeeelas asi fjkhwgsdfsud me gusta me gusta <3
ResponderEliminarSorry!! recién me pude pasar!
ResponderEliminarme avisas cuando subas? gracias! =D
ay!! ojala Peter gane! aunque creo que si gana porque sino no me imagino como avanza la historia!
quiero más
besos
@rochi16ta